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Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)
 
Cría y Cultivo

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Cómo medir si una tilapia es resiliente (y por qué eso puede transformar tu negocio acuícola)  

Son las seis de la mañana en un estanque de cultivo de tilapias sin aireación en el norte de Malasia. El sol apenas sale y el oxígeno disuelto en el agua ya está en niveles críticamente bajos, como ocurre cada noche en miles de granjas de tilapia de pequeños productores en el Sudeste Asiático, África y América Latina. Algunos peces llevan horas comiendo menos de lo normal, moviéndose menos, redistribuyendo su energía hacia la simple tarea de sobrevivir al estrés. Cuando el sol calienta el agua y el oxígeno sube, parte de esos peces retoman su crecimiento casi como si nada hubiera pasado. Otros nunca lo recuperan del todo.


¿Qué diferencia a unos peces de otros? Hasta hace poco, la respuesta honesta era: no lo sabíamos con suficiente precisión para aprovecharlo en un programa de selección genética. Ahora, un nuevo estudio publicado en Scientific Reports por investigadores de la Universidad de Wageningen, WorldFish y el BRIN de Indonesia propone una herramienta prometedora para cambiar eso: medir la resiliencia de cada pez a partir de la consistencia de su curva de crecimiento individual a lo largo del tiempo.

  Los peces resilientes crecen de forma más constante
Antes de entrar en los hallazgos, vale la pena entender el problema que el estudio busca resolver. En acuicultura, la resiliencia se define como la capacidad de un animal para sobrellevar perturbaciones ambientales —fluctuaciones de oxígeno, temperatura, estrés de manejo, patógenos— y volver a su condición previa lo antes posible.
  Un pez resiliente no necesariamente crece más rápido en condiciones ideales. Lo que lo distingue es que su crecimiento fluctúa menos cuando las condiciones empeoran. Piensa en dos trabajadores: uno que produce exactamente lo mismo cada semana, llueva o truene, y otro que en las buenas semanas produce mucho pero en las malas semanas casi nada. A largo plazo, la consistencia del primero puede ser más valiosa que los picos del segundo.
  El indicador que propone el estudio se denomina LnVar (varianza logarítmica de las desviaciones del peso esperado). Básicamente, mide cuánto se desvía el peso real de cada pez respecto de su trayectoria de crecimiento esperada a lo largo del tiempo. Cuanto más bajo esté el LnVar, más constante ha sido el crecimiento del pez y más resiliente se considera.
  El aporte clave de este nuevo trabajo es calcular esa trayectoria esperada de forma individualizada —ajustando una curva de crecimiento propia para cada pez— en lugar de compararla con el promedio del grupo, como hacían estudios anteriores. Esta diferencia, que parece técnica, tiene implicaciones prácticas importantes.   El experimento: dos estanques, una misma familia de tilapias, resultados muy distintos
El experimento se realizó en el Centro de Extensión Acuícola del Departamento de Pesca de Malasia, utilizando la cepa GIFT (Tilapia de Cultivo Genéticamente Mejorada), que es el estándar de referencia mundial en mejora genética de tilapia para crecimiento.
  Los investigadores distribuyeron 1.570 peces en dos estanques de condiciones equivalentes en todo, excepto en una variable clave: uno tenía aireación activa (rueda de paletas y sopladores para mantener oxígeno normóxico constante) y el otro no tenía aireación, generando las fluctuaciones diurnas naturales de oxígeno disuelto típicas de los sistemas de pequeños productores.
  Los peces fueron pesados individualmente cinco veces a lo largo de 217 días: al momento de siembra, a los 55, 104, 167 días, y al momento de cosecha. Con esos cinco registros de peso por pez se ajustó la curva de crecimiento individual y se calculó el LnVar de cada animal.
  Los resultados revelaron algo que tiene implicaciones directas para los programas de mejora genética:   En el estanque sin aireación, la heredabilidad del indicador de resiliencia LnVar individual fue de 0,28. Eso significa que el 28% de la variación observada entre peces en su consistencia de crecimiento tiene base genética —es decir, se transmite de padres a hijos. Este valor es suficientemente alto como para responder a la selección artificial.
  En el estanque con aireación, esa heredabilidad cayó a apenas 0,06. Prácticamente indetectable estadísticamente.
  La interpretación es intuitiva: cuando el ambiente es estable y controlado, casi todos los peces crecen de forma relativamente consistente y las diferencias genéticas en resiliencia no tienen oportunidad de expresarse. Cuando el ambiente es desafiante —con hipoxia recurrente, como en los estanques sin aireación típicos de pequeños productores— las diferencias genéticas entre peces resilientes y no resilientes se vuelven visibles y medibles.   Seleccionar para crecer rápido también mejora la resiliencia
Una de las preguntas más importantes que los investigadores querían responder era si la resiliencia y el crecimiento son rasgos que «se pelean» entre sí genéticamente, o si van de la mano. La lógica del conflicto tiene sentido intuitivo: si un pez destina energía a tolerar el estrés, ¿no le queda menos para crecer?
  Los datos del estudio sugieren que, al menos en la cepa GIFT después de casi 20 generaciones de selección para crecimiento, las correlaciones genéticas entre el indicador de resiliencia y el crecimiento son negativas y moderadas (-0,44 a -0,68 dependiendo del ambiente y de la variable de crecimiento medida). En este contexto, una correlación negativa entre LnVar y crecimiento es favorable: significa que seleccionar peces que crecen más rápido tiende también a producir peces con crecimiento más consistente (menor LnVar, mayor resiliencia).
  Dicho de otra manera: en la cepa GIFT, décadas de selección para crecimiento han aparentemente ido acompañadas de una mejora indirecta en la resiliencia. No es que resiliencia y crecimiento sean lo mismo, pero parecen compartir genes que los llevan en la misma dirección.
  Esta es una buena noticia para los productores que trabajan con líneas mejoradas: el trabajo de selección que ya se está haciendo probablemente esté construyendo también una base genética de mayor tolerancia al estrés ambiental.   La complicación: el gen que funciona en un ambiente no funciona igual en el otro
Aquí el estudio entrega un mensaje más complejo y más importante para quienes diseñan programas de mejora genética. Los investigadores estimaron la correlación genética entre el mismo rasgo (LnVar) medido en los dos ambientes diferentes (estanque aireado vs. no aireado). Esta correlación fue de 0,50.
  ¿Qué significa ese número? En términos prácticos, una correlación genética de 1,0 entre dos ambientes significaría que exactamente los mismos genes que hacen resiliente a un pez en condiciones controladas lo hacen también resiliente en condiciones desafiantes. Una correlación de 0 significaría que son genéticamente rasgos completamente distintos. Un valor de 0,50 indica que hay una interacción genotipo-ambiente (GxE) sustancial: los mejores peces en un ambiente no son necesariamente los mejores en el otro.
  Para los programas de mejora genética, esto tiene una implicación directa: seleccionar tilapias para resiliencia en un núcleo de cría con aireación no garantizará que esa mejora se traslade completamente a los estanques sin aireación de los pequeños productores. Los ganadores genéticos en condiciones de laboratorio no siempre son los campeones en las condiciones reales del campo.
  La solución que propone el estudio es incorporar en los programas de selección registros de parientes que estén produciendo en ambientes sin aireación (el entorno más común para los pequeños productores en países en desarrollo). Al combinar los datos del núcleo controlado con información de primos o medio-hermanos en condiciones desafiantes, se puede mejorar la precisión de la selección y asegurar que los avances genéticos se traduzcan en beneficios reales en campo.
  Es la diferencia entre diseñar un auto en un túnel de viento perfecto sin probar cómo funciona en carreteras reales con baches, lluvia y polvo.   Por qué medir con la curva individual importa más de lo que parece
El estudio introduce una distinción técnica que merece un momento de atención porque tiene consecuencias prácticas concretas. El método anterior para calcular LnVar comparaba el peso de cada pez con el promedio del grupo (LnVar de cohorte). El nuevo método calcula LnVar comparando el peso de cada pez con su propia curva de crecimiento esperada ajustada individualmente.
  ¿Por qué importa esta diferencia? Imagina un estanque donde, durante dos semanas, hay una infestación de parásitos o una caída de temperatura que afecta a todos los peces por igual. Con el método de cohorte, si todos los peces reducen su crecimiento al mismo tiempo, ninguno «parece» desviarse del promedio del grupo. El evento estresante queda invisible en el indicador porque todo el grupo se movió juntos.
  Con el método individual, ese evento sí se detecta: el peso real de cada pez cae por debajo de lo que su propia trayectoria de crecimiento predecía, y esa desviación queda registrada en el LnVar individual.
  En términos técnicos, la heredabilidad del indicador individual (0,28 en el estanque sin aireación) fue más del doble que la del indicador de cohorte (0,12 en el mismo estanque). Eso significa que el método individual captura más variación genética genuina y, por tanto, es más útil para programas de selección.   Lo que viene: el papel del fenotipado automatizado
Hay una limitación práctica importante que el propio estudio reconoce: calcular el LnVar individual requiere pesar cada pez individualmente en múltiples momentos durante el ciclo de producción. En la práctica comercial actual, eso implica capturar, sedar y pesar a mano a cientos o miles de peces varias veces en el ciclo. Es costoso, estresante para los animales y logísticamente complejo.
  Sin embargo, los autores del estudio señalan que esto está cambiando. El fenotipado automatizado —el uso de cámaras, inteligencia artificial y sistemas de visión computacional para estimar el peso de los peces sin manipularlos— está avanzando rápidamente en acuicultura. Ya existe tecnología funcionando en salmón, tilapia, bagre, dorada y otras especies. Un sistema automatizado que pese o estime el peso de los peces de forma no invasiva varias veces durante el ciclo productivo podría hacer que el cálculo de LnVar sea rutinario y económicamente viable a escala comercial.
  El futuro que describe el estudio es uno donde los programas de mejora genética incluyen la resiliencia —medida con LnVar individual— como un rasgo de selección estándar, no solo el crecimiento o la supervivencia. Y donde los pequeños productores de tilapia que trabajan sin aireación en Nigeria, Bangladesh, Perú o Indonesia se benefician de líneas genéticas que no solo crecen bien en condiciones controladas, sino que también mantienen su crecimiento cuando el oxígeno baja a las tres de la mañana y el estrés ambiental llega sin avisar.   De vuelta al estanque de Malasia
Volvemos a ese estanque sin aireación al amanecer. Los peces que la ciencia ahora puede identificar —los que crecen de forma más constante a pesar de las fluctuaciones de oxígeno, los que no sacrifican semanas enteras de crecimiento cada vez que el ambiente se complica— son exactamente los que necesitan los pequeños productores de tilapia en el mundo en desarrollo.
  Lo que este estudio ofrece no es una solución lista para usar mañana. Es algo quizás más valioso: una prueba de concepto robusta de que la resiliencia en tilapia tiene una base genética real, medible y lo suficientemente heredable como para responder a la selección. Los mismos genes que hacen crecer rápido a un pez en la cepa GIFT también tienden a hacerlo más consistente. Y que el camino para llevar esa mejora a los estanques sin aireación pasa por incluir información de esos entornos desafiantes en los programas de selección, no solo ignorarlos porque son difíciles de controlar.
  Para los piscicultores, esto se traduce en una pregunta concreta que valdría la pena hacerles a quienes les proveen alevines: ¿Sus líneas genéticas fueron seleccionadas solo bajo condiciones controladas, o también bajo condiciones que se parecen a las de mi granja? Fuente: AQUAHOY

La enfermedad de las postlarvas translúcidas más allá de China: desde la identificación del brote hasta la preparación para el diagnóstico
 
Enfermedades de peces

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La enfermedad de las postlarvas translúcidas más allá de China: desde la identificación del brote hasta la preparación para el diagnóstico  

Estudios recientes amplían el conocimiento sobre la TPD más allá de los informes iniciales en China y ofrecen nuevas herramientas para la vigilancia y el diagnóstico en los laboratorios de producción. Desde la identificación de brotes hasta la capacidad de diagnóstico, estas investigaciones proporcionan herramientas más eficaces para reconocer, caracterizar y detectar la enfermedad de postlarvas translúcidas en el camarón blanco del Pacífico. Los tres estudios analizados aquí confirman la presencia de una cepa virulenta de Vibrio parahaemolyticus fuera de China, revelan sus genes de toxina vhvp y ofrecen métodos de detección, fortaleciendo así la bioseguridad de la industria camaronera.

Cuando los laboratorios de producción de postlarvas sufren pérdidas, estas pueden escalar rápidamente. Un tanque que parece estar bajo control por la mañana puede deteriorarse drásticamente al final del día, dejando al personal con poco tiempo para reaccionar y aún menos para determinar la causa o causas del problema. Esto es lo que convierte a la enfermedad de postlarvas translúcidas (TPD) en una preocupación tan grave. Afecta a los camarones en una de las etapas de producción más vulnerables, cuando los animales son frágiles, las decisiones sobre su traslado requieren rapidez y un diagnóstico tardío puede traducirse directamente en pérdidas económicas significativas.
  Desde su reporte inicial en China en 2020, la TPD ha pasado de ser una enfermedad emergente a representar un desafío importante para los laboratorios de producción, con repercusiones relevantes para la producción, el traslado de animales y la bioseguridad. Tres estudios recientes de nuestro grupo contribuyen a llevar el debate más allá del simple reconocimiento de brotes hacia un marco más útil, basado en la causalidad, la patología y una detección fiable. En conjunto, estos estudios abordan tres cuestiones fundamentales para las operaciones de los laboratorios: ¿qué causa estas mortalidades?, ¿qué tipo de daño tisular provoca el patógeno? y ¿pueden los laboratorios analizar las poblaciones antes de trasladar los animales a otro laboratorio, centro de pre-cría o granja?
  Este artículo es una adaptación y resumen de tres publicaciones originales (PLOS One; Microbial Genomics; Journal of Microbiological Methods) que señalan un problema concreto relacionado con Vibrio parahaemolyticus, un sistema de virulencia específico asociado a toxinas y un enfoque de vigilancia basado en una técnica validada de reacción en cadena de la polimerasa cuantitativa (qPCR, una técnica que combina la amplificación de una secuencia de ADN diana con la cuantificación de la concentración de dicha especie de ADN en la reacción). En términos prácticos, esto significa que el TPD ahora puede entenderse no solo como un síndrome observado en campo, sino también como una enfermedad con una base biológica más clara y un conjunto creciente de herramientas para la toma de decisiones en los centros de producción de semilla.   Diseño del estudio
El primer estudio comenzó con un caso clínico proveniente de un criadero de camarones en el Sudeste Asiático, fuera de China. El criadero experimentaba una mortalidad repentina y grave en postlarvas de camarón blanco del Pacífico (Penaeus vannamei), con pérdidas acumuladas superiores al 70 por ciento en un plazo de cinco días. Los animales afectados presentaban los signos actualmente asociados a la TPD: hepatopáncreas pálido, tracto digestivo pálido o vacío y cuerpo translúcido.

A partir de estas postlarvas enfermas, aislamos una cepa bacteriana denominada AG1 y la identificamos como V. parahaemolyticus. Este hallazgo fue importante porque constituyó el primer informe confirmado de una cepa de este Vibrio asociada a la TPD (VTPD) en camarones procedentes de fuera de China. Esto amplía significativamente el alcance de la información sobre la TPD. La enfermedad ya no es relevante únicamente en el contexto de los informes iniciales, sino también para los criaderos fuera de China que podrían enfrentarse a riesgos de bioseguridad similares.
  El segundo estudio analizó la misma cepa a nivel genómico. La secuenciación del genoma completo reveló que la cepa AG1 posee un genoma de aproximadamente 5,5 Mb, organizado en dos cromosomas y tres plásmidos. Uno de estos plásmidos portaba tres genes asociados a la virulencia – vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3 – los cuales han sido vinculados a la TPD. Este estudio se diseñó para esclarecer el mecanismo patogénico de la cepa y compararla con las cepas de TPD descritas anteriormente en China.
  El tercer estudio se centró en una necesidad práctica compartida por criaderos y laboratorios de diagnóstico: la detección fiable. En este trabajo, se desarrollaron tres ensayos de PCR en tiempo real tipo TaqMan (sondas de hidrólisis diseñadas para aumentar la especificidad de la PCR cuantitativa) dirigidos a los genes vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3, siguiendo el marco de desarrollo y validación de ensayos establecido por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA/WOAH). El objetivo era proporcionar una herramienta más fiable para el diagnóstico, el cribado rutinario y la bioseguridad relacionada con el movimiento de animales.   Resultados y discusión
Una de las conclusiones más claras del primer estudio fue que la cepa AG1 se ajusta al perfil de la TPD (enfermedad de necrosis aguda del hepatopáncreas transmitida por Vibrio) más que al de la enfermedad de necrosis aguda del hepatopáncreas (AHPND). El cribado mediante PCR detectó vhvp-1 y vhvp-2, pero el aislado carecía de los genes de las toxinas pirA/pirB asociados a la AHPND. Esta distinción es importante porque los episodios de mortalidad temprana en los criaderos a menudo se clasifican bajo términos generales como 'vibriosis' o se asume que siguen patrones de diagnóstico más conocidos. Nuestros hallazgos demuestran que la TPD no debe considerarse simplemente otra forma de AHPND. Aunque ambas están asociadas a Vibrio, implican sistemas de virulencia diferentes y, por tanto, requieren dianas diagnósticas distintas.   Fig. 1: Patogenicidad de V. parahaemolyticus AG1 en PL15 de P. vannamei (n = 40/grupo) durante 96 horas (A) y en PL30 (n = 20/grupo) durante 7 días (B) tras un ensayo de infección por inmersión. En las PL15, la cepa AG1 provocó una mortalidad marcada y dependiente de la dosis, alcanzando el 100 por ciento a concentraciones de 10^6 y 10^5 UFC/mL en un plazo de 72 horas. La supervivencia disminuyó progresivamente a 10^4 y 10^3UFC/mL, mientras que a 10^2 UFC/mL la mortalidad fue del 35 por ciento. La CL50 a las 96 horas fue de 8,51 × 10^2 UFC/mL. Por el contrario, las PL30 mostraron una baja susceptibilidad, con una mortalidad máxima del 20 por ciento a 10^4 UFC/mL y del 15 por ciento a 10^3 UFC/mL. En (C), las postlarvas sanas presentan un hepatopáncreas oscurecido (flecha) e intestino visible (punta de flecha), mientras que las postlarvas infectadas muestran un hepatopáncreas pálido o incoloro y el tracto digestivo vacío, lo que confiere al cuerpo un aspecto transparente o translúcido.
Los ensayos de infección confirmaron además la elevada virulencia de la cepa AG1. En camarones PL15, la exposición por inmersión provocó una mortalidad marcada y dependiente de la dosis, con una CL50 de 8,51 × 10² UFC/mL a las 96 horas. Por el contrario, los camarones PL30 de mayor tamaño fueron menos susceptibles, lo que sugiere que el tamaño del huésped o su etapa de desarrollo influyen en la evolución de la enfermedad. Para los centros de producción de semilla (hatcheries), este es uno de los hallazgos prácticos más útiles. Las etapas de poslarva más tempranas parecen ser las más vulnerables, por lo que constituyen el periodo de mayor prioridad para el monitoreo y el cribado.
  La histopatología añadió otra dimensión importante al perfil de la enfermedad. Las postlarvas infectadas mostraron degeneración hepatopancreática caracterizada por necrosis tubular, desprendimiento de células epiteliales de los túbulos e invasión bacteriana. Sin embargo, las lesiones no se limitaron al hepatopáncreas. Un hallazgo adicional notable fue la enteritis hemocítica, caracterizada por la pérdida del epitelio de la mucosa intestinal, una inflamación marcada y la formación de una capa gruesa de hemocitos en el intestino. Estas observaciones sugieren que la TPD no es simplemente una enfermedad hepatopancreática. El intestino también parece ser un órgano diana importante, y esta afectación tisular más amplia podría ayudar a explicar la rapidez y gravedad con las que progresa la enfermedad en los camarones poslarva tempranos, que son más frágiles.   Fig. 2: Histopatología de camarones provenientes de la infección por TPD generada en bioensayo. Los camarones no infectados mostraron una estructura hepatopancreática normal, con túbulos intactos, abundantes depósitos de lípidos (A, C) y un intestino bien definido que contenía alimento digerido (área recuadrada en A). En cambio, los camarones infectados presentaron degeneración hepatopancreática, incluyendo necrosis tubular y desprendimiento epitelial (B, D), así como enteritis hemocítica con inflamación marcada y capas engrosadas de hemocitos (área recuadrada en B), hallazgos consistentes con la patología de la TPD.
El estudio del genoma proporcionó una segunda línea de evidencia de que este patógeno es biológicamente distinto. La cepa AG1 portaba sus tres genes asociados a la TPD en un plásmido de aproximadamente 69,7 kb. Aunque este plásmido es más pequeño que el plásmido de TPD de mayor tamaño descrito anteriormente en China, conserva la región asociada a la virulencia. Los genes vhvp en AG1 mostraron una gran similitud con los de la cepa de referencia china, y las proteínas codificadas contenían dominios consistentes con un complejo de toxinas tipo Tc. En términos prácticos, esto indica que la TPD está asociada a un sistema de toxinas especializado, en lugar de a las toxinas pirA/B (más conocidas) implicadas en la AHPND. Esta distinción refuerza la base biológica para tratar la TPD como una entidad patológica independiente y subraya la importancia de centrarse en los marcadores de virulencia correctos en los ensayos de diagnóstico.   Fig. 3: Análisis comparativo del plásmido asociado a la TPD en las cepas AG1 y JS20200428004-2 de VTPD. (A) Comparación lineal de la organización del plásmido entre ambas cepas. (B) Alineamiento de las secuencias de la proteína VHVP de AG1 y JS20200428004-2. El color verde indica aminoácidos idénticos, mientras que el amarillo señala residuos no coincidentes.
Los datos genómicos también sugieren que las cepas asociadas a la TPD no son genéticamente estáticas. Aunque la cepa AG1 estaba estrechamente relacionada con cepas chinas descritas anteriormente, no era idéntica a ellas. Las diferencias en la estructura del plásmido, las islas genómicas y las características relacionadas con la transferencia indican que estas bacterias pueden seguir evolucionando y, al mismo tiempo, conservar el conjunto de genes de virulencia asociados a la patogenicidad. Para la industria camaronera, esto constituye un recordatorio importante de que las enfermedades bacterianas emergentes son dinámicas. Las estrategias de vigilancia deben evolucionar a la par de los patógenos que están diseñadas para detectar.
  El tercer estudio tradujo estos hallazgos biológicos en una herramienta de diagnóstico práctica. Los tres ensayos TaqMan recién desarrollados mostraron una sensibilidad y una especificidad diagnósticas del 100 por ciento, con un límite de detección de 10 copias por reacción. Asimismo, los ensayos no presentaron reactividad cruzada con camarones libres de patógenos específicos (SPF) ni con camarones infectados por otros patógenos importantes, incluidos EHP, NHP, IHHNV, WSSV y VpAHPND. Para los centros de producción de semilla (hatcheries) y los laboratorios de diagnóstico, este nivel de rendimiento es de gran relevancia. Un ensayo de cribado solo resulta valioso si es capaz de detectar de forma fiable el objetivo previsto sin confundir la TPD con otros patógenos comunes en la producción de camarón.
  Desde la perspectiva de la validación, los ensayos también demostraron una sólida linealidad, una eficiencia aceptable y una precisión coherente con el uso diagnóstico rutinario. Aunque se trata de parámetros técnicos, su implicación práctica es clara: los ensayos están superando la fase de prueba de concepto para adquirir valor operativo como herramientas de cribado en centros de producción de semilla, programas de cría y laboratorios de sanidad de animales acuáticos. Su mayor valor podría residir en la etapa previa al traslado de las postlarvas, momento en el que prevenir la propagación de patógenos resulta mucho más eficaz que intentar controlarlos una vez introducidos en un nuevo sistema.
Dinh-Hung, TPD, Tabla 1
**Si desea acceder a la Tabla 1: Secuencias de nucleótidos de los cebadores y sondas utilizados en los ensayos de PCR en tiempo real basados en TaqMan, desarrollados y validados en este estudio para la detección de V. parahaemolyticus causante de TPD en P. vannamei. | Visite el artículo original 
Para los gerentes de laboratorios de producción de semilla (hatcheries) y los productores, destacan tres mensajes prácticos. En primer lugar, la TPD debe considerarse una amenaza real para la bioseguridad en las etapas tempranas de vida. Cuando las postlarvas presentan hepatopáncreas pálido, intestino vacío y cuerpo translúcido, y cuando la mortalidad aumenta rápidamente, se debe considerar inmediatamente la TPD en la investigación diagnóstica. En segundo lugar, no todos los brotes asociados a Vibrio son biológicamente equivalentes. Las denominaciones generales como 'vibriosis' pueden ser útiles en campo, pero pueden ocultar diferencias importantes que afectan al diagnóstico y al control. En tercer lugar, el cribado previo al traslado puede ser una de las aplicaciones más valiosas de los nuevos ensayos de qPCR. Estas herramientas permiten a los laboratorios utilizar los análisis no solo para investigar la mortalidad una vez que esta ha comenzado, sino también para reducir el riesgo de transferir poblaciones infectadas a nuevos sistemas de producción.
Perspectivas
En conjunto, los tres estudios aquí resumidos ofrecen una visión mucho más precisa de la TPD. Uno de ellos confirma que una cepa de V. parahaemolyticus asociada a la TPD está presente fuera de China y es capaz de causar una mortalidad severa en postlarvas de P. vannamei. Un segundo estudio demuestra que esta cepa posee una arquitectura genómica distintiva asociada a toxinas, vinculada a vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3. Un tercer estudio aporta ensayos TaqMan validados que pueden respaldar el diagnóstico, la vigilancia y el cribado previo a traslados.
  Para la industria camaronera, estos hallazgos cambian la naturaleza del debate. La TPD ya no es solo la descripción de un brote; ahora es una enfermedad con una base causal más clara, un perfil patológico y genómico mejor definido y una estrategia de detección práctica. Estos avances no eliminan el riesgo, pero proporcionan a los laboratorios una base más sólida para una detección temprana, análisis más fiables y medidas de bioseguridad más estrictas orientadas a prevenir mayores pérdidas. Por Dr. Nguyen Dinh-Hung, DVM, Ph.D. Dr. Hung N. Mai, Ph.D. Prof. Dr. Arun K. Dhar, Ph.D.
Fuente: Global Seafood

Descubren en tilapia un mecanismo genético inédito que convierte un gen femenino en el regulador del sexo masculino
 
Cría y Cultivo

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Descubren en tilapia un mecanismo genético inédito que convierte un gen femenino en el regulador del sexo masculino  

Un equipo internacional integrado por investigadores de Temasek Life Sciences Laboratory (Singapur), el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), la Universidad de Konstanz y la Universidad de Würzburg ha descubierto en la tilapia de Mozambique (Oreochromis mossambicus) un mecanismo genético poco común: un gen originalmente asociado a la formación de los ovarios ha evolucionado hasta convertirse en el principal regulador del desarrollo masculino.
  La investigación, publicada en Science Advances, señala al gen figlaY como el encargado de activar el desarrollo masculino en esta especie. Lo llamativo es que este gen procede de una versión modificada de figla, un gen que normalmente participa en la formación de los ovarios y en el desarrollo de las hembras.
  En otras palabras, un gen asociado al desarrollo femenino ha evolucionado para desempeñar la función opuesta: impedir la formación de ovarios y favorecer la aparición de testículos. Según los investigadores, este mecanismo no se había observado antes en vertebrados.
  Este descubrimiento también podría tener interés para la acuicultura. Conocer mejor cómo se determina el sexo en los peces puede ayudar en el futuro a desarrollar métodos más precisos para controlar este proceso.
  En especies como la tilapia, los machos suelen crecer más rápido y de forma más uniforme, por lo que obtener poblaciones formadas principalmente por machos puede resultar beneficioso para la producción.
  Aunque todavía se necesita más investigación antes de cualquier aplicación práctica, el estudio aporta nuevos conocimientos sobre cómo se regula el sexo en los peces.
  El hallazgo también pone de manifiesto la extraordinaria plasticidad de los sistemas de determinación sexual en peces, donde los genes responsables de decidir si un individuo se desarrolla como macho o hembra pueden cambiar de forma rápida y seguir rutas evolutivas muy diferentes.   CRISPR confirma su papel esencial
Los investigadores llegaron a identificar la función de figlaY combinando análisis genómicos, estudios de expresión génica y experimentos de edición genética. Primero observaron que este gen estaba presente únicamente en el cromosoma Y y que se activaba en etapas tempranas del desarrollo gonadal, justo cuando se decide si el individuo seguirá la vía masculina o femenina.
  A continuación, reconstruyeron su origen evolutivo y comprobaron que procedía de una copia modificada del gen femenino figla. Los análisis indicaron que la nueva versión había adquirido cambios estructurales y regulatorios que le permitían desempeñar una función distinta a la del gen ancestral.
  La prueba definitiva llegó mediante la tecnología CRISPR-Cas9. Al inactivar figlaY en individuos genéticamente machos (XY), los investigadores comprobaron que estos peces desarrollaban ovarios normales y se transformaban fenotípicamente en hembras. Por el contrario, cuando el gen permanecía activo, el desarrollo masculino se producía con normalidad. Estos resultados demostraron que figlaY es el regulador clave que desencadena la formación de machos en la tilapia de Mozambique.
  El estudio también reveló que los transposones, conocidos como 'genes saltadores', desempeñaron un papel fundamental en el origen de figlaY. Estos elementos móviles participaron en la duplicación, modificación y reorganización reguladora que permitió la aparición del nuevo gen y contribuyeron a controlar su patrón de expresión durante el desarrollo sexual. Fuente: misPeces Referencia
Wang, L., Sun, F., Yang, Z., Lee, M., Wong, J., Yeo, S., Wen, Y., Meyer, A., Piferrer, F., Schartl, M. y Yue, G.H. (2026). Transposons drove the evolution of a male sex-determining gene from a female gene with deep introgression across cichlids. Science Advances, 12(23), eaed6242

El Instituto IMarPe de Perú publica una investigación sobre el uso de probióticos en la mejora de la supervivencia del langostino blanco
 
Cría y Cultivo

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El Instituto IMarPe de Perú publica una investigación sobre el uso de probióticos en la mejora de la supervivencia del langostino blanco  

El Instituto del Mar del Perú (IMarPe) informó hace pocos días de que un grupo de sus investigadores de la sede desconcentrada de Tumbes ha desarrollado un estudio que demuestra el efecto positivo de microorganismos con potencial probiótico combinados con compuestos orgánicos para mejorar la supervivencia del langostino blanco (Penaeus vannamei) frente a infecciones bacterianas.
  Estas infecciones son causadas por una de las principales amenazas para la acuicultura: el Vibrio parahaemolyticus, agente asociado a la enfermedad de la necrosis hepatopancreática aguda (AHPND, por sus siglas en inglés).
  La investigación identificó cepas bacterianas nativas capaces de inhibir el crecimiento de bacterias patógenas mediante la producción de compuestos antimicrobianos naturales. Entre ellas, destacó la cepa denominada '45', que mostró resultados favorables al incrementar la supervivencia de los langostinos en condiciones experimentales.
  A su vez, el estudio evidenció que la combinación de esta cepa probiótica con el compuesto orgánico ProtAcid permitió alcanzar hasta un 78 % de supervivencia en los organismos evaluados, superando significativamente los resultados obtenidos en otros tratamientos.   Uso indiscriminado de antibióticos
La investigación fue dada a conocer en el artículo del Boletín del Instituto del Mar del Perú Efecto sinérgico de microorganismos con potencial probiótico y compuestos orgánicos sobre el crecimiento y la supervivencia del langostino Penaeus vannamei.
  Los autores del estudio son Katherine Saavedra, Beder Ramírez y Mervin Guevara, todos integrantes del plantel de la sede desconcentrada de Tumbes del IMarPe.
  De acuerdo con los investigadores, sus hallazgos representan una alternativa prometedora al uso indiscriminado de antibióticos en la acuicultura, contribuyendo a reducir los riesgos asociados a la resistencia antimicrobiana y promoviendo prácticas más sostenibles y amigables con el ambiente. El estudio, aseguran, fortalece el aporte científico del IMarPe al desarrollo sostenible de la acuicultura nacional.   Búsqueda de nuevas alternativas
Los investigadores resaltan que la actividad langostinera frecuentemente se ha visto enfrentada por numerosas enfermedades bacterianas, entre ellas la causada por cepas de Vibrio parahaemolyticus, portadoras de los genes de las toxinas pirA y pirB (VpAHPND).
  Una práctica común para el tratamiento de estas enfermedades es la aplicación de antibióticos, sin embargo, su uso indiscriminado representa un riesgo para la salud pública, lo que ha conllevado a la búsqueda de nuevas alternativas como la suplementación de antagonistas probióticas y/o el uso de compuestos orgánicos.
  La investigación tuvo como objetivo evaluar la capacidad probiótica de microorganismos nativos de Penaeus vannamei en sinergia con compuestos orgánicos. Para ello, se realizó el aislamiento y caracterización molecular de bacterias, posteriormente se evaluó su capacidad probiótica a través de ensayos de antagonismo in vitro mediante la técnica de discos de agar, enfrentados con cepas patógenas de Vibrio previamente identificadas.
  Los aislados que mostraron capacidad de inhibición fueron evaluados por la PCR, para detectar los genes relacionados a los péptidos antimicrobianos (AMP) logrando seleccionar una cepa (45) positiva para el gen surfactin y dos cepas (47 y 59) positivas para surfactin, bacylisin, bacyllomicin y fengycin. La cepa 45 mejoró la supervivencia del P. vannamei retado con vibrios (AHPND+) cuando fue inoculada, de forma individual y en combinación con el ácido orgánico 'ProtAcid'.
  Así se concluyó que el uso combinado de la bacteria y el ácido orgánico se propone como una estrategia profiláctica para disminuir el impacto por las infecciones de vibrios en el cultivo de langostino.   Asesoría científica, veraz y oportuna
Recordemos que el Instituto del Mar del Perú es un organismo técnico especializado adscrito al Ministerio de la Producción del país andino, cuyas funciones se orientan a la generación de conocimiento científico que le permiten al Estado peruano contar con una asesoría científica, veraz y oportuna para el aprovechamiento sostenible de los recursos vivos del mar y de sus aguas.
  Su ámbito de acción es el dominio marítimo y las aguas continentales nacionales, así como la alta mar, el ecosistema antártico y todo ámbito acuático donde existan intereses del Perú, incluyendo los fondos marinos, de conformidad con el derecho internacional. Fuente: Panorama Acuícola

Escuchando el fondo del estanque: Cómo la bioacústica puede transformar la gestión de la alimentación del camarón
 
Cría y Cultivo

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Escuchando el fondo del estanque: Cómo la bioacústica puede transformar la gestión de la alimentación del camarón  

A medida que el camarón blanco del Pacífico (Penaeus vannamei) consolida su importancia económica en la acuacultura, la intensificación de su cultivo pone de relieve un desafío fundamental: el monitoreo de animales bentónicos en estanques con alta turbidez. Dado que las microalgas y las comunidades bacterianas enturbian la columna de agua, el monitoreo visual del comportamiento alimenticio de los camarones se vuelve prácticamente imposible. Tradicionalmente, los productores dependen de la alimentación manual con la ayuda de bandejas sumergidas; un método que requiere una gran intensidad de mano de obra y que solo proporciona evaluaciones retrospectivas y tardías sobre el consumo de alimento.
  Esta falta de visibilidad en tiempo real conlleva graves riesgos económicos y ambientales. El alimento constituye el costo variable más elevado en la producción de camarones, representando entre el 50 y el 60 por ciento de los gastos operativos totales. La sobrealimentación compromete la rentabilidad y degrada rápidamente la calidad del agua a medida que los gránulos no consumidos se descomponen en el fondo del estanque, mientras que la subalimentación limita el crecimiento y prolonga los ciclos de producción.
  Para superar esta barrera de visibilidad, científicos y miembros de la industria han comenzado, literalmente, a 'escuchar' la actividad alimenticia de los camarones mediante la bioacústica –más específicamente, a través del 'Monitoreo Acústico Pasivo' (PAM, por sus siglas en inglés). A medida que los camarones se alimentan, sus mandíbulas chocan entre sí para fragmentar los gránulos, emitiendo unos distintivos 'clics' de alta frecuencia (Fig. 1). Los alimentadores acústicos 'bajo demanda' emplean hidrófonos submarinos de alta sensibilidad y algoritmos inteligentes para detectar estos sonidos en tiempo real. Este mecanismo permite que el sistema suministre de forma autónoma la cantidad exacta de alimento necesaria, precisamente en el momento en que los camarones manifiestan apetito, eliminando así eficazmente la necesidad de recurrir a conjeturas en la gestión de la alimentación. Para obtener información adicional sobre este tema, consulte las exhaustivas revisiones realizadas por Reis et al. (2022), y Peixoto y Soares (2025).   Fig. 1: Vista de la región bucal de P. vannamei, que muestra que el sonido de chasquido se genera durante el cierre de las mandíbulas (flechas).
Rendimiento superior en campo
La transición de la alimentación manual a la automatizada ha demostrado resultados notables en la gestión del alimento y la viabilidad económica de las operaciones camaroneras. Estudios emblemáticos que evaluaron el rendimiento zootécnico de los sistemas de alimentación acústica en el Centro de Maricultura Claude Peteet (CPMC) – la reconocida instalación de investigación de la Universidad de Auburn (AU) en Alabama, EE. UU. (Fig. 2) – revelaron que los camarones logran un mayor crecimiento en un periodo significativamente más corto en comparación con los métodos tradicionales de alimentación manual.

  Fig. 2: Vista aérea del Centro de Maricultura Claude Peteet (Alabama, EE. UU.), que muestra su extensa infraestructura de estanques acuícolas e instalaciones de investigación.
Al dispensar el alimento exclusivamente cuando existe una demanda biológica, los sistemas acústicos pasivos logran de manera consistente menores índices de conversión alimenticia (ICA/FCR), mayores tallas de cosecha y rendimientos generales sustancialmente superiores. Los ensayos han demostrado que estos sistemas inteligentes maximizan el potencial genético de crecimiento de la población de camarones, permitiendo a los productores alcanzar tallas comerciales de cosecha en ciclos de producción más compactos.
  Dado que el sistema se adapta al apetito de los animales en tiempo real, el aporte total de alimento puede incrementarse de forma segura sin incurrir en el desperdicio habitual de gránulos no consumidos. Esta eficiencia de precisión no solo minimiza las pérdidas económicas, sino que también protege activamente la calidad del agua al evitar la acumulación de alimento en descomposición en el fondo del estanque. No obstante, los acuacultores deben estar preparados para las consecuencias metabólicas de este crecimiento acelerado; la mayor carga biológica y las rápidas tasas de consumo exigen sistemas de aireación automatizados y robustos para gestionar eficazmente la mayor demanda de oxígeno del estanque.   Del campo al laboratorio
Con un éxito comprobado en granjas comerciales, la tecnología acústica está abriendo también nuevas fronteras en la investigación de laboratorio, ámbito en el que, de hecho, tuvo sus inicios hace más de una década con los primeros estudios sobre el mecanismo de emisión de sonido y las aplicaciones de la monitorización acústica pasiva (PAM) en el camarón tigre negro (Penaeus monodon). En los últimos años, el Laboratorio de Tecnología Acuícola de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE) y el Centro de Pesquerías E. W. Shell de la Universidad de Auburn (AU) se han posicionado como pioneros en el estudio de múltiples aplicaciones de la PAM para analizar el comportamiento alimenticio de P. vannamei bajo condiciones controladas de investigación.
  Gracias a esos investigadores, ahora tenemos acceso a información que no es proporcionada por la industria fabricante de comederos acústicos a demanda; tal es el caso del hecho de que los parámetros del sonido de clic pueden variar en función de las propiedades físicas del alimento, particularmente en el caso de dietas extrusionadas y peletizadas, y según el diámetro y la longitud de los pellets. Por ejemplo, los pellets de mayor longitud requieren un mayor esfuerzo mandibular y un número superior de clics para ser consumidos por completo, mientras que los alimentos de textura dura generan señales acústicas de mayor energía.
  Otra posible aplicación de la investigación de laboratorio en PAM (monitoreo acústico pasivo) consiste en probar diferentes formulaciones de alimentos (Fig. 3). En este caso, las respuestas acústicas pueden servir como un indicador indirecto inmediato para evaluar la palatabilidad del alimento, lo que permite preseleccionar las dietas antes de ser evaluadas en condiciones de cultivo. Por ejemplo, se ha sugerido que las dietas enriquecidas con atrayentes marinos – tales como el aceite de kril o el hidrolizado de pescado – desencadenan de manera sistemática emisiones de clics mucho más rápidas y de mayor duración que los alimentos basales estándar.
  Fig. 3: Montaje experimental para el monitoreo acústico. Un grabador de audio multicanal (detallado a la derecha) está conectado a hidrófonos individuales sumergidos en una serie de tanques de vidrio que contienen juveniles de camarón blanco del Pacífico. Esta configuración permite la captura continua y en tiempo real de los clics acústicos asociados a la alimentación bajo condiciones controladas de laboratorio.
Además del propio alimento, los datos acústicos revelan importantes cambios conductuales a lo largo de las etapas de vida y clases de tamaño de los camarones. Los camarones de mayor tamaño son notablemente más voraces, concentrando sus clics en una secuencia rápida durante los primeros minutos de alimentación, mientras que los camarones más pequeños consumen a un ritmo más constante y lento. Asimismo, dado que el volumen de clics y/o la energía acústica es directamente proporcional a la densidad de siembra de los camarones, los investigadores creen que los datos acústicos podrían calibrarse para estimar la población total en los estanques o detectar rápidamente eventos repentinos de mortalidad, añadiendo una capa crucial de bioseguridad a la operación.   El impacto de la temperatura del agua en la dinámica de alimentación
Junto con la formulación del alimento y las prácticas de manejo, investigaciones bioacústicas recientes revelan cómo los factores ambientales – particularmente la temperatura del agua— determinan el comportamiento alimenticio de los camarones. En un ensayo de laboratorio reciente, los investigadores evaluaron a juveniles de P. vannamei expuestos a un gradiente térmico que oscilaba entre 22,1 y 31,3 grados-C. Mediante el monitoreo de sus clics acústicos –capturados con un hidrófono y un grabador de audio –  así como de su consumo real de alimento durante periodos de alimentación de 30 minutos, el estudio logró capturar la respuesta metabólica de los animales en tiempo real.
  Los resultados revelaron que la temperatura no solo determina cuánto comen los camarones, sino también cómo lo hacen. Tal como se muestra en la Fig. 4, tanto la ingesta de alimento como la actividad acústica alcanzaron su punto máximo dentro del rango cálido óptimo (de 27,5 a 31,3 grados-C), pero disminuyeron significativamente bajo condiciones frías (22,1 y 24,1 grados-C).   Fig. 4: Respuestas conductuales y de consumo de alimento de los camarones en función de la temperatura. (A) Consumo total de alimento (g) y (B) número total de clics en 30 minutos; se observa una actividad de alimentación y una ingesta estadísticamente superiores a temperaturas más cálidas (27,5 a 31,3 grados-C) en comparación con las condiciones frías (22,1 grados-C). (C) El monitoreo temporal continuo de los clics por minuto a lo largo del periodo de 30 minutos revela patrones conductuales distintivos: una alimentación intensa y de alta frecuencia, seguida de un marcado descenso en aguas más cálidas (líneas rojas/naranjas), frente a un ritmo de alimentación suprimido y de bajo nivel en aguas más frías (líneas púrpuras/azules).
El monitoreo acústico continuo demostró que la temperatura modifica fundamentalmente el patrón temporal de alimentación. En aguas más cálidas, los camarones exhiben un estallido de alimentación rápido e intenso inmediatamente después del suministro de alimento, seguido de un marcado descenso en la tasa de clics a medida que alcanzan la saciedad. Por el contrario, en aguas más frías, este estallido está ausente, ya que los animales se alimentan a un ritmo mucho más bajo, más uniforme y suprimido a lo largo de todo el periodo.
  Estos datos refuerzan la idea de que la tecnología acústica no es solo una herramienta de distribución de alimento, sino un biosensor avanzado. Traduce activamente el estado metabólico y el confort térmico del animal en datos procesables, allanando el camino hacia sistemas de alimentación verdaderamente inteligentes y basados ​​en la demanda, que se adaptan a las condiciones ambientales cambiantes.   El impacto del oxígeno disuelto en el apetito
  Fig. 5: Ejemplos de camarones blancos del Pacífico juveniles – el organismo modelo utilizado para evaluar los impactos de la reducción del oxígeno disuelto en el comportamiento de alimentación acústica – monitoreados mediante un sensor de oxígeno disuelto.
Del mismo modo que la temperatura dicta el ritmo de alimentación, el oxígeno disuelto (OD) actúa como un factor limitante crítico para el apetito del camarón. Para cuantificar este impacto, los investigadores han utilizado la tecnología PAM para evaluar el comportamiento de alimentación de P. vannamei en cuatro concentraciones diferentes de OD: 5, 3, 2 y 1 mg por litro (Fig. 5). Esto les permitió comprender la dinámica real del agotamiento del oxígeno, simulando las caídas naturales de oxígeno en los estanques mediante la interrupción de la aireación.
  Los datos acústicos, junto con las métricas de ingesta de alimento, revelaron un umbral claro para el estrés hipóxico. El comportamiento de alimentación del camarón se mantuvo sorprendentemente resiliente, conservando una ingesta de alimento y unas tasas de clics acústicos estables desde el nivel óptimo de 5 mg/L hasta los 3 mg/L. Sin embargo, se produjo un cambio drástico en el comportamiento cuando el OD alcanzó los niveles de hipoxia severa de 2 y 1 mg/L; en este punto, tanto la intensidad de los clics acústicos como la ingesta total de alimento disminuyeron significativamente en comparación con el nivel de referencia (Fig. 6A, B).
  Además, el monitoreo continuo reveló cómo la hipoxia altera el patrón temporal de la alimentación (Fig. 6C). Bajo una aireación normal (5 mg/L), la frecuencia de clics del camarón se mantuvo estable a lo largo del periodo de alimentación. Por el contrario, bajo estrés hipóxico, los camarones exhibieron una estrategia completamente diferente: mostraron un pico inicial en la actividad de alimentación, seguido de una disminución rápida y pronunciada en la frecuencia de clics, a medida que las limitaciones metabólicas los obligaban a entrar en un modo de supresión para conservar energía.
  Esta drástica caída en la actividad acústica subraya cómo la hipoxia severa suprime fundamentalmente el impulso metabólico del camarón para alimentarse. Al utilizar la tecnología acústica como sensor en tiempo real, los productores pueden detectar estos cambios conductuales durante los episodios de bajo nivel de oxígeno. Esto permite tomar decisiones de gestión inmediatas y basadas en datos, tales como pausar la distribución automatizada del alimento cuando fallan los sistemas de aireación o cuando el OD (oxígeno disuelto) desciende a niveles peligrosos; lo cual, en última instancia, evita el desperdicio masivo de alimento y protege el fondo del estanque de un mayor deterioro.

  Fig. 6: Respuestas conductuales y de consumo de alimento en función de los niveles de oxígeno disuelto (OD) en camarones. (A) Consumo total de alimento (gramos) y (B) número total de clics en 30 minutos, lo que muestra una actividad de alimentación y una ingesta estables bajo niveles de oxígeno óptimos y moderados (de 5 a 3 mg/L), en comparación con una reducción significativa bajo condiciones de hipoxia severa (1 mg/L). (C) El monitoreo temporal continuo de los clics por minuto a lo largo del periodo de 30 minutos revela patrones conductuales diferenciados: una alimentación inicial intensa y de alta tasa, seguida de un descenso constante en aguas bien aireadas (líneas azul oscuro/azul claro), frente a un ritmo suprimido y de menor intensidad bajo condiciones de hipoxia más severa (líneas verde/púrpura).
Conclusión
La integración de la bioacústica en el cultivo de camarones representa una transición vital: de una gestión de la alimentación tradicional y reactiva, a un enfoque proactivo y basado en la precisión. Al transformar los sonidos de alimentación de los camarones en datos, el monitoreo acústico supera eficazmente los desafíos inherentes a las aguas de los estanques con alta turbidez. Esta tecnología no solo optimiza las tasas de crecimiento y reduce los costos económicos y ambientales asociados al desperdicio de alimento, sino que también actúa como un biosensor avanzado en tiempo real. Tal como demuestra su sensibilidad ante las fluctuaciones de temperatura y la disminución del oxígeno disuelto, el PAM permite a los productores detectar el estrés fisiológico y adaptar sus estrategias de gestión de manera instantánea. En resumen, el PAM protege la calidad del agua, maximiza la rentabilidad de la explotación y allana el camino hacia un futuro más sostenible e inteligente en la producción mundial de camarones. Por Fábio Costa Filho, M.S. Indira Medina Torres D. Allen Davis, Ph.D. Prof. Dr. Silvio Peixoto
Fuente: Global Seafood


Cría y Cultivo

Cría y Cultivo Las isoflavonas de soja pueden ser una herramienta de diferenciación sexual en algunos peces de acuicultura
 

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Las isoflavonas de soja pueden ser una herramienta de diferenciación sexual en algunos peces de acuicultura  

Controlar la proporción de machos y hembras puede tener interés productivo en especies de acuicultura donde existen diferencias de crecimiento, maduración o valor comercial entre ambos sexos. En este contexto, las isoflavonas de la soja, y especialmente la genisteína, están despertando interés por su capacidad para interactuar con las vías estrogénicas que intervienen durante la diferenciación sexual de los peces.
  La evidencia disponible muestra que pueden modificar el desarrollo gonadal, aunque el efecto depende fuertemente de la especie, la dosis y el momento de exposición.
  El caso mejor documentado es el de la anguila japonesa (Anguilla japonica). En un ensayo realizado durante la fase de diferenciación sexual, una dieta con 10 gramos de isoflavonas por kilogramo de pienso produjo un 91,6 % de hembras, mientras que con 50 gramos por kilogramo la proporción alcanzó el 96,6 %.
  En los animales no tratados predominaban claramente los machos. Los experimentos con los componentes individuales identificaron además a la genisteína como mucho más eficaz que la daidzeína y mostraron cambios en la expresión de genes asociados al desarrollo ovárico y testicular.
  La respuesta, sin embargo, no puede extrapolarse automáticamente a otros peces. En bagre de canal (Ictalurus punctatus), la genisteína también modificó la diferenciación sexual, pero provocó una mayor presencia de machos e individuos intersexuales.
  En esturión ruso (Acipenser gueldenstaedtii), por su parte, los tratamientos con fitoestrógenos tuvieron efectos mucho más limitados sobre la proporción final de sexos y algunos estuvieron asociados a alteraciones gonadales. Estos resultados muestran que las isoflavonas no constituyen simplemente un agente de feminización, sino compuestos capaces de interferir de manera diferente con los mecanismos que controlan el desarrollo sexual.
  Para la acuicultura mediterránea, una de las preguntas más interesantes se plantea en la lubina europea (Dicentrarchus labrax).
  Su determinación sexual depende de la interacción entre genética y ambiente, y factores como la temperatura durante las primeras etapas pueden modificar significativamente la proporción de machos y hembras.
  También está demostrado que la vía de los estrógenos participa directamente en la diferenciación femenina y que la genisteína es capaz de activar los tres receptores nucleares de estrógenos de la especie. Sin embargo, todavía no se ha probado que su incorporación al pienso durante la diferenciación sexual permita aumentar de manera controlada la proporción de hembras.
  En el lenguado senegalés (Solea senegalensis) también existen indicios de actividad biológica. Experimentos realizados durante las primeras fases de desarrollo han mostrado que la genisteína puede modificar temporalmente marcadores relacionados con la señalización estrogénica y tiroidea.
  Estos trabajos no estudiaron la proporción sexual y, por tanto, no permiten hablar de feminización, pero refuerzan la idea de que los fitoestrógenos presentes en ingredientes vegetales pueden interactuar con sistemas hormonales sensibles durante etapas tempranas del desarrollo.
  Las isoflavonas deben considerarse por ahora una herramienta experimental de diferenciación sexual y no una tecnología disponible para las granjas. Los resultados de la anguila demuestran que, al menos en determinadas especies, la alimentación puede utilizarse para dirigir el desarrollo sexual, pero los efectos encontrados en bagre y esturión advierten de que no existe una respuesta universal.
  En especies de interés mediterráneo como la lubina, el siguiente paso sería comprobar si una intervención nutricional durante la ventana adecuada puede generar poblaciones con una proporción sexual predecible y productivamente ventajosa, evaluando al mismo tiempo crecimiento, bienestar, estabilidad del efecto y posibles consecuencias reproductivas a largo plazo. Fuente: misPeces

Cría y Cultivo Truchas que engordan un 56 % más: la edición genética que promete llevar la producción al mercado dos meses antes
 

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Truchas que engordan un 56 % más: la edición genética que promete llevar la producción al mercado dos meses antes  

Es marzo. Un productor de truchas en las montañas observa su estanque con la calculadora mental encendida. Los peces que sembró hace casi un año aún no alcanzan el peso de venta. Cada día adicional representa más alimento invertido, bombas funcionando ininterrumpidamente y personal alimentando a los animales cuatro veces al día. Él sabe, por la experiencia de cada campaña, que más de la mitad de sus costos operativos se destina a un solo rubro: el pienso. También es consciente de que, si esos peces lograran la talla comercial tan solo unas semanas antes, el margen de rentabilidad cambiaría radicalmente.
  Este truchicultor no es el único que hace estos cálculos. Es la realidad financiera que sustenta a toda la truchicultura mundial y representa el desafío exacto que un equipo de investigadores de la Universidad Atatürk, en Erzurum (Turquía), ha decidido resolver de raíz. Su enfoque no se basa en una nueva fórmula nutricional ni en un cambio de manejo acuícola, sino en una intervención directa en el código genético de la trucha arcoíris.   La miostatina: el freno genético en el crecimiento de la trucha
Para comprender la relevancia de este hallazgo, es preciso analizar un factor discreto pero determinante en el desarrollo animal: la miostatina. Cumple la función de un «freno genético» para el crecimiento muscular. Se trata de una proteína encargada, tanto en las truchas como en la gran mayoría de los vertebrados, de evitar que el tejido muscular se desarrolle de forma desmedida. No constituye un defecto, sino un mecanismo fisiológico de regulación que indica al organismo cuándo detener la síntesis muscular.
  Este fenómeno es bien conocido en el sector agropecuario bajo la denominación de «doble músculo». Determinadas razas bovinas, ovinas y avícolas nacen con este mecanismo inactivo de forma natural, lo que deriva en una musculatura sobresaliente. En la acuicultura, se ha observado un efecto similar al desactivar el gen de la miostatina en especies como la carpa común, el besugo, el bagre amarillo y la tilapia del Nilo, logrando un incremento significativo en su masa corporal.


Ante estos antecedentes, surge una interrogante clave: si este principio se conoce desde hace años, ¿por qué no se había logrado en la trucha hasta ahora?
  La respuesta radica en la complejidad biológica de la especie. La trucha arcoíris, al igual que otros salmónidos, posee un historial evolutivo particular marcado por dos duplicaciones genómicas completas (ocurridas hace aproximadamente 320 y 80 millones de años). A diferencia de los mamíferos, que poseen una sola copia del gen de la miostatina, la trucha cuenta con cuatro variantes: mstna1, mstna2, mstnb1 y mstnb2. Intervenir un gen en presencia de cuatro secuencias tan homólogas equivale a intentar cortar un cable específico dentro de un mazo con tres opciones casi idénticas; el riesgo de alterar la secuencia equivocada siempre estuvo presente. Debido a esta barrera técnica, la edición genética aplicada a los reguladores musculares de la trucha permaneció inexplorada durante años.   Por qué eligieron el gen que la ciencia había descartado
En este punto surge el aspecto más cautivador de la investigación: una decisión analítica que trasciende el frío dato estadístico.
  Históricamente, la investigación en acuicultura centró sus esfuerzos en la familia de genes mstna, dada su elevada expresión en el tejido muscular. Por el contrario, el grupo mstnb fue catalogado durante años como un regulador de origen cerebral, asociado al desarrollo neuronal y considerado ajeno al crecimiento corporal. Bajo esa premisa, el gen mstnb1 era el candidato idóneo para ser descartado.
  Sin embargo, el equipo de la Universidad Atatürk optó por desafiar este dogma. En lugar de respaldar esa clasificación previa, analizaron la arquitectura evolutiva comparando el mapa genético de la trucha con el de los mamíferos, los cuales preservan una sola copia funcional. Descubrieron que mstnb1 está flanqueado por los mismos genes contiguos que acompañan al gen muscular en la especie humana. Es decir, aunque presente cierta expresión en el sistema nervioso, su ubicación cromosómica revelaba un linaje directo con el regulador muscular ancestral.
  La clasificación original era incompleta. Aquella apuesta, fundamentada en el análisis genómico, demostró ser acertada y los resultados científicos terminaron dándoles la razón.   Los números que transforman la rentabilidad de una piscigranja
Un periodo de seguimiento de diez meses (de mayo de 2024 a marzo de 2025) ofreció un panorama revelador. Las truchas con el gen mstnb1 inactivado alcanzaron un peso promedio de 825 gramos, en comparación con los 464 gramos registrados por los ejemplares convencionales criados bajo condiciones idénticas. Esto representa un incremento del 56 % en la masa corporal.
  Sin embargo, el indicador que verdaderamente captará la atención del sector no es solo el peso final, sino la reducción del ciclo productivo. Las truchas modificadas registraron 254 gramos en diciembre de 2024, mientras que el grupo de control alcanzó esa misma cifra recién en febrero de 2025 (momento en el que los peces editados ya promediaban los 620 gramos). En términos operativos, la talla comercial se logra aproximadamente dos meses antes, lo que equivale a 60 días menos de consumo energético, mano de obra y, fundamentalmente, de alimento.
  Este último aspecto constituye el núcleo del hallazgo. Se podría asumir que un pez de mayor tamaño requiere una ingesta proporcionalmente superior sin aportar una ganancia real en eficiencia. Los datos demostraron lo contrario: la tasa de conversión alimenticia —la cantidad de alimento balanceado requerida para producir un kilo de carne— se situó en 0,93 para las truchas editadas y en 0,94 para las convencionales, un valor estadísticamente equivalente. Los ejemplares modificados mantuvieron una ventaja sostenida mes a mes, logrando un mayor crecimiento absoluto con la misma eficiencia metabólica.
  El impacto visual también es evidente. Las truchas editadas desarrollaron una morfología notablemente más robusta, con un incremento del 24 % en la altura corporal y un 27 % más de superficie lateral: la manifestación fenotípica del «doble músculo» aplicada a la piscicultura.   Las consideraciones técnicas y limitaciones de la investigación
Sería irresponsable —y los propios autores son rigurosos al respecto— presentar este avance como una solución comercial de implementación inmediata. Existen razones técnicas concretas que imponen cautela.
  En primer lugar, destaca la tasa de supervivencia. Del total de embriones intervenidos mediante CRISPR, solo el 23,5 % alcanzó la fase de alevinaje, en comparación con el 87,6 % registrado en el grupo de control. Esta elevada mortalidad responde a múltiples factores concurrentes: el estrés mecánico derivado de la microinyección en un ovocito frágil, la potencial citotoxicidad del complejo ribonucleoproteico introducido y el impacto de desactivar este gen en etapas embrionarias tempranas, momento en el que la miostatina participa en el desarrollo tisular. Este representa el tipo de desafío metodológico real que la biotecnología debe resolver antes de generar expectativas apresuradas.
  En segundo lugar, estos ejemplares corresponden a organismos mosaico de primera generación (F0). Es decir, no todas las células del pez presentan la misma modificación genética. Para consolidar una línea reproductiva estable, uniforme y transmisible —condición indispensable para la acuicultura industrial—, es preciso cruzar estos especímenes fundadores hasta fijar la mutación en las generaciones sucesivas (F1 y F2), un proceso aún en desarrollo.
  Por último, persiste una interrogante abierta que los investigadores abordan con transparencia: debido a que el gen mstnb1 también registra expresión en el tejido nervioso, resta evaluar mediante estudios histológicos detallados si su inactivación altera la conducta o el desarrollo neurológico a largo plazo. Aunque durante los 10 meses del ensayo no se identificaron anomalías del comportamiento, el análisis encefálico fino permanece como un cuestionamiento metodológico legítimo por completar.   Lo que este avance representa para el futuro de la producción acuícola
Volvamos a aquel piscicultor que contempla su estanque evaluando la estructura de costos de su producción. El alimento balanceado continuará representando entre el 50 % y el 60 % de sus gastos operativos; esa realidad no cambia. Sin embargo, contar con un pez que alcanza la talla comercial dos meses antes, conservando la misma tasa de conversión por kilo producido, constituye la palanca estratégica capaz de reestructurar el margen de rentabilidad de toda una campaña.
  Aunque este desarrollo aún no se encuentra disponible en el mercado —y el marco regulatorio para organismos derivados de la edición genética avanza a ritmos diversos según cada país—, la investigación de la Universidad Atatürk demuestra un principio que hasta ahora permanecía en el terreno teórico para los salmónidos: el regulador genético del crecimiento en la trucha puede inactivarse de forma dirigida, logrando ejemplares de mayor masa sin comprometer la eficiencia alimenticia. Para una industria acuícola altamente competitiva, esta evidencia científica aporta una certeza valiosa.
  Es probable que el productor de las montañas no disponga de estas truchas en su estanque la próxima temporada. Sin embargo, la posibilidad de proyectar campañas productivas dos meses más cortas ha dejado de ser una simple especulación teórica. Fuente: AQUAHOY


Sanidad de los peces

Sanidad de los peces Un extracto de ortiga eleva al 96% la supervivencia de doradas frente a <em>Vibrio</em>
 

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Un extracto de ortiga eleva al 96% la supervivencia de doradas frente a Vibrio  

La maduración de la piscicultura mediterránea está llevando al ámbito de la investigación a utilizar la nutrición funcional como una herramienta de interés para reforzar la sanidad preventiva. Un estudio publicado en Fish Physiology and Biochemistry ha evaluado el uso de extractos vegetales incorporados al pienso como inmunoestimulantes en dorada (Sparus aurata), con un resultado especialmente relevante para el extracto de ortiga (Urtica dioica).
  El trabajo analizó durante 60 días el efecto de distintas dosis de extracto etanólico de ortiga incorporado al alimento, con inclusiones de 50, 100, 200 y 400 mg/kg de pienso. Al final del ensayo, los peces fueron sometidos a un desafío experimental con Vibrio anguillarum, una bacteria asociada a procesos infecciosos relevantes en especies marinas cultivadas.
  El resultado más destacado se obtuvo con la dosis de 100 mg/kg, que alcanzó una supervivencia del 96% tras la infección. En comparación, el grupo control registró una supervivencia del 33%, mientras que el resto de tratamientos con ortiga también mejoraron la resistencia frente al patógeno, con supervivencias del 70%, 62% y 76% según la dosis empleada.
  Los investigadores observaron además una activación de varios parámetros de la inmunidad innata, entre ellos la actividad de la lisozima y la mieloperoxidasa, así como cambios en la expresión de genes relacionados con la respuesta inflamatoria e inmunitaria. Según los autores, la dosis de 100 mg/kg fue la que mostró el perfil más consistente entre estimulación inmunitaria y protección funcional frente a la infección.
  El estudio también evaluó extracto de Phillyrea latifolia, una especie vegetal mediterránea próxima al olivo silvestre, que mostró efectos inmunomoduladores preliminares. Sin embargo, en este caso los resultados deben interpretarse con mayor cautela, ya que no pudieron validarse mediante un desafío bacteriano eficaz comparable al realizado con la ortiga.
  Los autores concluyen que la suplementación con extracto de ortiga a 100 mg/kg de pienso es la opción más prometedora bajo las condiciones ensayadas. El resultado refuerza el interés por los aditivos funcionales de origen vegetal como parte de estrategias preventivas orientadas a mejorar la resistencia sanitaria de la dorada y reducir la dependencia de intervenciones correctivas frente a infecciones bacterianas. Fuente: misPeces
Referencia
Evaluation of Urtica dioica and Phillyrea latifolia extracts as feed additives for enhancing innate immunity in gilthead seabream (Sparus aurata L.). Fish Physiology and Biochemistry, 2026.

Sanidad de los peces Beneficios del plasma en dietas de camarón tigre gigante

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Beneficios del plasma en dietas de camarón tigre gigante

El camarón tigre gigante es un crustáceo que cumple un papel muy importante en la acuicultura asiática. Sin embargo, el cultivo intenso de esta especie ha aumentado el número de enfermedades, en particular las infecciones por Vibrio, lo que representa un gran obstáculo para la sostenibilidad y la rentabilidad del sector.
  El plasma atomizado (SDP) es un ingrediente rico en proteínas funcionales que proviene de la industria cárnica. Se ha asociado al SDP con grandes beneficios para la salud, como mejoras en el crecimiento, aumento de la ingesta, menor inflamación, entre otros. Aunque las ventajas del plasma en la nutrición animal son conocidas, los estudios en la acuicultura de camarón aún son escasos.  
  En este estudio, se evaluaron los efectos del plasma atomizado en el crecimiento, la supervivencia y la respuesta inmunológica de Penaeus monodon criado en estanques. El ensayo en granja se llevó a cabo en la provincia de Prachuap Khiri Khan, Tailandia. El protocolo del estudio con animales fue aprobado por el Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de la Universidad de Kasetsart.
  Conozca los principales hallazgos:
  Reducción de carga bacteriana (30 días de suplementación) ↓ 75% de Vibrio en el hepatopáncreas
(31,75 → 7,84 ×10⁴ CFU/g)
  ↓ 80% de Vibrio en el intestino
(25,72 → 5,13 ×10² CFU/g)   Mejora significativa de la inmunidad ↑ 42% de hemocitos totales ('células de defensa' del camarón)

  ↑ 50% de actividad de fenoloxidasa (enzima clave en la respuesta inmune): proporcionó una respuesta inflamatoria más eficiente.

  ↑ 16% de actividad fagocítica: las células fueron más eficientes en capturar y eliminar patógenos.

  ↑ 16% de actividad de Superóxido Dismutasa (SOD): mayor resistencia fisiológica al estrés sanitario.
  Mejor eficiencia alimenticia Control: 1,76 – 2,18 SDP: 1,11 – 1,67
  Durante el ciclo se registró un brote de AHPND (Acute Hepatopancreatic Necrosis Disease — Enfermedad de la Necrosis Hepatopancreática Aguda).
  Todos los estanques Control fueron afectados 2 de 3 estanques con SDP permanecieron negativos
  Incluso en un escenario con desafíos sanitarios, los datos muestran que la inclusión estratégica de SDP en la dieta del camarón puede:
  Reducir la presión bacteriana Fortalecer la inmunidad Mejorar la conversión alimenticia
  Lea el estudio completo aquí:
https://apcproteins.com/wp-content/uploads/2026/02/Fisheries-Environment-2025-Evaluation-of-Spray-Dried-Porcine-Plasma-for-Growth-Performance-Production-Yield-Immune-Responses-and-Total-Vibrio-Counts-in-Pond-Reared-Ginat-Tiger-Prawn.pdf
  Por APC
Fuente: All Aquaculture Magazine


Enfermedades de peces

Enfermedades de peces Cómo sobrevive un patógeno letal de los peces a largos periodos sin alimento: Nuevos hallazgos para la gestión de la enfermedad de Columnaris en la acuacultura
 

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Cómo sobrevive un patógeno letal de los peces a largos periodos sin alimento: Nuevos hallazgos para la gestión de la enfermedad de Columnaris en la acuacultura  

Científicos de la City University de Hong Kong han aportado recientemente información clave sobre cómo la destacada bacteria patógena acuática Flavobacterium columnare sobrevive durante largos periodos con una escasez extrema de nutrientes; una situación habitual en muchas granjas de peces entre ciclos de producción, durante los periodos de descanso de las instalaciones o en entornos con baja materia orgánica.
  Los resultados del estudio demostraron que los cambios epigenéticos  – sistemas de control inteligentes que permiten a los organismos ajustar la actividad de sus genes sin alterar permanentemente su ADN, funcionando como instrucciones temporales superpuestas al código genético – constituyen una vía fundamental para que las bacterias se adapten a largos periodos de escaso o nulo alimento. La investigación, realizada por los doctores Yuxuan Zhang, Yanwen Shao, Shengnan Gao, Runsheng Li y Wenlong Cai, analizó los mecanismos de supervivencia de esta bacteria ante la ausencia casi total de nutrientes.
  Los autores han ofrecido nuevas perspectivas sobre cómo los cambios epigenéticos facilitan la adaptación bacteriana a periodos prolongados sin nutrientes. Asimismo, han establecido una guía útil para futuras investigaciones que empleen la secuenciación por nanoporos (una tecnología moderna de lectura de ADN que consiste en hacer pasar una hebra de ADN a través de un orificio diminuto – nanoporo – en una membrana especial) y la metilación del ADN (una pequeña marca química añadida al ADN que actúa como un interruptor, modulando la actividad génica sin alterar la secuencia del ADN en sí; se trata de un mecanismo clave de regulación epigenética) para estudiar la epigenética bacteriana.
  'Descubrimos que Flavobacterium columnare es capaz de mantener un genoma altamente estable durante periodos prolongados de privación de nutrientes, recurriendo a cambios en la metilación del ADN para afrontar el estrés ambiental,' declaró al Advocate el Dr. Wenlong Cai, autor de correspondencia del estudio. 'Esto sugiere que el patógeno podría depender de la flexibilidad epigenética para sobrevivir en condiciones de escasez de nutrientes. Este hallazgo es relevante para la acuacultura, ya que la persistencia bacteriana en el medio ambiente puede incrementar el riesgo de brotes recurrentes de la enfermedad. Una mejor comprensión de cómo F. columnare sobrevive fuera del huésped podría, en última instancia, contribuir a mejorar la vigilancia de patógenos, la bioseguridad y el control de enfermedades en los sistemas de cultivo.'

  La enfermedad de Columnaris, causada por la bacteria F. columnare, es una de las infecciones bacterianas más graves y extendidas en la acuicultura de agua dulce. Afecta a muchas especies importantes, incluidas la tilapia, el bagre, la carpa, la trucha y el salmón, provocando a menudo una mortalidad rápida debido a úlceras cutáneas, erosión de las aletas y daños graves en las branquias y la boca. El patógeno se encuentra en el agua y los sedimentos incluso en ausencia de peces, lo que dificulta su erradicación de las instalaciones de cultivo.
  Los investigadores tomaron una cepa de F. columnare, aislada originalmente de peces enfermos, y la colocaron en agua estéril sin alimento añadido durante 10 meses completos. Mantuvieron las bacterias a dos temperaturas (22 y 28 grados-C) para observar cómo la temperatura influía en las estrategias de supervivencia. Tras este largo periodo de privación de nutrientes, las bacterias se reactivaron en un caldo rico en nutrientes y se analizaron mediante tecnología avanzada de secuenciación Nanopore, capaz de leer simultáneamente la secuencia de ADN y las modificaciones químicas del mismo.
  Los resultados mostraron que el código de ADN propiamente dicho (las instrucciones genéticas) permaneció notablemente estable. Solo se observaron unas pocas mutaciones menores, ninguna de las cuales fue constante entre las distintas temperaturas. Esto significa que la bacteria no dependió de cambios genéticos permanentes para sobrevivir a la falta de alimento. En su lugar, modificó sus marcas epigenéticas, esas diminutas etiquetas químicas en el ADN que actúan como controles de volumen para los genes. Estas etiquetas pueden aumentar o disminuir la actividad génica sin alterar la secuencia de ADN en sí.
  Un patrón específico de etiquetas se debilitó considerablemente durante el periodo de privación de nutrientes. Este cambio afectó a más de 1.300 puntos del genoma, muchos de ellos en genes relacionados con el uso de energía, la síntesis de proteínas y la captación de hierro. Otro patrón de etiquetas varió en función de la temperatura. Las bacterias sometidas a privación de nutrientes también cambiaron de aspecto: las colonias se volvieron más lisas y las células más pequeñas, lo que probablemente redujo el movimiento y el gasto energético para favorecer su supervivencia.
  Los hallazgos también indicaron que estos cambios epigenéticos parecen ser reversibles. Al volver a recibir nutrientes, las bacterias se recuperaron y pudieron retomar su actividad normal. Esto sugiere que el patógeno puede 'recordar' cómo sobrevivir a condiciones adversas y regresar a un estado más activo – y potencialmente patógeno – cuando las condiciones mejoran.

  Esta investigación tiene una importancia práctica directa para los piscicultores. Los estanques, tanques y sistemas de recirculación suelen experimentar periodos de escasez de nutrientes. El estudio demuestra que F. columnare puede persistir en estas condiciones no simplemente entrando en estado de latencia, sino ajustando activamente su actividad génica mediante cambios epigenéticos reversibles. Esto ayuda a explicar por qué los brotes de Columnaris a veces reaparecen incluso después de que los estanques de peces hayan estado vacíos o se hayan limpiado parcialmente. Las bacterias no se limitan a sobrevivir; emplean un sistema sofisticado para mantenerse viables y listas para infectar a nuevos peces cuando estos se introducen o cuando aumenta la materia orgánica.
  Los efectos de la temperatura en uno de los patrones de marcaje epigenético también coinciden con lo que ya observan los piscicultores: los problemas de enfermedades suelen aumentar en aguas más cálidas. Además, se sabe que la bacteria forma biopelículas en las superficies, lo que  facilita aún más su persistencia en las instalaciones de cultivo. Asimismo, otros investigadores han señalado que varias especies bacterianas estrechamente relacionadas pueden provocar una  enfermedad similar a la Columnariosis, lo que complica el diagnóstico y el control, haciendo aún más crucial una identificación y gestión precisas.
  Los resultados de este estudio son significativos para comprender mejor la ecología de este importante patógeno. El estudio modifica el enfoque de gestión, pasando de la simple eliminación de bacterias mediante productos químicos a considerar cómo estas persisten y se adaptan a las condiciones reales de las instalaciones. Las recomendaciones actuales de manejo –que incluyen reducir el estrés, mantener una buena calidad del agua, asegurar densidades de siembra adecuadas y manipular los peces con cuidado – siguen siendo fundamentales. No obstante, este estudio sugiere que es necesario prestar mayor atención a los reservorios ambientales de la bacteria durante los periodos de descanso de las instalaciones (barbecho) y entre ciclos de producción.
  En el futuro, estos hallazgos sobre epigenética podrían conducir a:
  Mejores herramientas para detectar si las bacterias presentes en un estanque se encuentran en un estado de baja actividad pero 'preparadas' para reactivarse.
  Protocolos de desinfección y barbecho mejorados que ataquen las formas persistentes del patógeno.
  Nuevas investigaciones para determinar si ciertas prácticas de manejo (como el control de la temperatura o tratamientos específicos del agua) pueden alterar la estrategia de supervivencia de la bacteria.
  Si bien las aplicaciones prácticas basadas en la epigenética aún están en desarrollo, los hallazgos refuerzan la necesidad de adoptar enfoques integrales y basados ​​en la ecología para el control de enfermedades, en lugar de depender únicamente de tratamientos reactivos. Esta investigación también demuestra el potencial de las herramientas modernas de secuenciación, como la tecnología Nanopore, para estudiar patógenos acuáticos desde nuevas perspectivas. Enfoques similares podrían aplicarse a otras bacterias patógenas relevantes en la acuicultura.
  'En resumen, F. columnare utiliza una 'memoria' epigenética reversible para sobrevivir largos periodos sin alimento y reactivarse cuando las condiciones mejoran. Para la industria acuícola, este conocimiento respalda la necesidad de centrarse más en romper los ciclos de persistencia entre las fases de producción, sin dejar de aplicar las buenas prácticas de manejo ya consolidadas. La investigación continua en este ámbito ofrece un gran potencial para mejorar la prevención y el control de una de las enfermedades bacterianas más persistentes en la piscicultura,' concluyó el estudio. Fuente: Global Seafood

Enfermedades de peces La enfermedad de las postlarvas translúcidas más allá de China: desde la identificación del brote hasta la preparación para el diagnóstico
 

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La enfermedad de las postlarvas translúcidas más allá de China: desde la identificación del brote hasta la preparación para el diagnóstico  

Estudios recientes amplían el conocimiento sobre la TPD más allá de los informes iniciales en China y ofrecen nuevas herramientas para la vigilancia y el diagnóstico en los laboratorios de producción. Desde la identificación de brotes hasta la capacidad de diagnóstico, estas investigaciones proporcionan herramientas más eficaces para reconocer, caracterizar y detectar la enfermedad de postlarvas translúcidas en el camarón blanco del Pacífico. Los tres estudios analizados aquí confirman la presencia de una cepa virulenta de Vibrio parahaemolyticus fuera de China, revelan sus genes de toxina vhvp y ofrecen métodos de detección, fortaleciendo así la bioseguridad de la industria camaronera.

Cuando los laboratorios de producción de postlarvas sufren pérdidas, estas pueden escalar rápidamente. Un tanque que parece estar bajo control por la mañana puede deteriorarse drásticamente al final del día, dejando al personal con poco tiempo para reaccionar y aún menos para determinar la causa o causas del problema. Esto es lo que convierte a la enfermedad de postlarvas translúcidas (TPD) en una preocupación tan grave. Afecta a los camarones en una de las etapas de producción más vulnerables, cuando los animales son frágiles, las decisiones sobre su traslado requieren rapidez y un diagnóstico tardío puede traducirse directamente en pérdidas económicas significativas.
  Desde su reporte inicial en China en 2020, la TPD ha pasado de ser una enfermedad emergente a representar un desafío importante para los laboratorios de producción, con repercusiones relevantes para la producción, el traslado de animales y la bioseguridad. Tres estudios recientes de nuestro grupo contribuyen a llevar el debate más allá del simple reconocimiento de brotes hacia un marco más útil, basado en la causalidad, la patología y una detección fiable. En conjunto, estos estudios abordan tres cuestiones fundamentales para las operaciones de los laboratorios: ¿qué causa estas mortalidades?, ¿qué tipo de daño tisular provoca el patógeno? y ¿pueden los laboratorios analizar las poblaciones antes de trasladar los animales a otro laboratorio, centro de pre-cría o granja?
  Este artículo es una adaptación y resumen de tres publicaciones originales (PLOS One; Microbial Genomics; Journal of Microbiological Methods) que señalan un problema concreto relacionado con Vibrio parahaemolyticus, un sistema de virulencia específico asociado a toxinas y un enfoque de vigilancia basado en una técnica validada de reacción en cadena de la polimerasa cuantitativa (qPCR, una técnica que combina la amplificación de una secuencia de ADN diana con la cuantificación de la concentración de dicha especie de ADN en la reacción). En términos prácticos, esto significa que el TPD ahora puede entenderse no solo como un síndrome observado en campo, sino también como una enfermedad con una base biológica más clara y un conjunto creciente de herramientas para la toma de decisiones en los centros de producción de semilla.   Diseño del estudio
El primer estudio comenzó con un caso clínico proveniente de un criadero de camarones en el Sudeste Asiático, fuera de China. El criadero experimentaba una mortalidad repentina y grave en postlarvas de camarón blanco del Pacífico (Penaeus vannamei), con pérdidas acumuladas superiores al 70 por ciento en un plazo de cinco días. Los animales afectados presentaban los signos actualmente asociados a la TPD: hepatopáncreas pálido, tracto digestivo pálido o vacío y cuerpo translúcido.

A partir de estas postlarvas enfermas, aislamos una cepa bacteriana denominada AG1 y la identificamos como V. parahaemolyticus. Este hallazgo fue importante porque constituyó el primer informe confirmado de una cepa de este Vibrio asociada a la TPD (VTPD) en camarones procedentes de fuera de China. Esto amplía significativamente el alcance de la información sobre la TPD. La enfermedad ya no es relevante únicamente en el contexto de los informes iniciales, sino también para los criaderos fuera de China que podrían enfrentarse a riesgos de bioseguridad similares.
  El segundo estudio analizó la misma cepa a nivel genómico. La secuenciación del genoma completo reveló que la cepa AG1 posee un genoma de aproximadamente 5,5 Mb, organizado en dos cromosomas y tres plásmidos. Uno de estos plásmidos portaba tres genes asociados a la virulencia – vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3 – los cuales han sido vinculados a la TPD. Este estudio se diseñó para esclarecer el mecanismo patogénico de la cepa y compararla con las cepas de TPD descritas anteriormente en China.
  El tercer estudio se centró en una necesidad práctica compartida por criaderos y laboratorios de diagnóstico: la detección fiable. En este trabajo, se desarrollaron tres ensayos de PCR en tiempo real tipo TaqMan (sondas de hidrólisis diseñadas para aumentar la especificidad de la PCR cuantitativa) dirigidos a los genes vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3, siguiendo el marco de desarrollo y validación de ensayos establecido por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA/WOAH). El objetivo era proporcionar una herramienta más fiable para el diagnóstico, el cribado rutinario y la bioseguridad relacionada con el movimiento de animales.   Resultados y discusión
Una de las conclusiones más claras del primer estudio fue que la cepa AG1 se ajusta al perfil de la TPD (enfermedad de necrosis aguda del hepatopáncreas transmitida por Vibrio) más que al de la enfermedad de necrosis aguda del hepatopáncreas (AHPND). El cribado mediante PCR detectó vhvp-1 y vhvp-2, pero el aislado carecía de los genes de las toxinas pirA/pirB asociados a la AHPND. Esta distinción es importante porque los episodios de mortalidad temprana en los criaderos a menudo se clasifican bajo términos generales como 'vibriosis' o se asume que siguen patrones de diagnóstico más conocidos. Nuestros hallazgos demuestran que la TPD no debe considerarse simplemente otra forma de AHPND. Aunque ambas están asociadas a Vibrio, implican sistemas de virulencia diferentes y, por tanto, requieren dianas diagnósticas distintas.   Fig. 1: Patogenicidad de V. parahaemolyticus AG1 en PL15 de P. vannamei (n = 40/grupo) durante 96 horas (A) y en PL30 (n = 20/grupo) durante 7 días (B) tras un ensayo de infección por inmersión. En las PL15, la cepa AG1 provocó una mortalidad marcada y dependiente de la dosis, alcanzando el 100 por ciento a concentraciones de 10^6 y 10^5 UFC/mL en un plazo de 72 horas. La supervivencia disminuyó progresivamente a 10^4 y 10^3UFC/mL, mientras que a 10^2 UFC/mL la mortalidad fue del 35 por ciento. La CL50 a las 96 horas fue de 8,51 × 10^2 UFC/mL. Por el contrario, las PL30 mostraron una baja susceptibilidad, con una mortalidad máxima del 20 por ciento a 10^4 UFC/mL y del 15 por ciento a 10^3 UFC/mL. En (C), las postlarvas sanas presentan un hepatopáncreas oscurecido (flecha) e intestino visible (punta de flecha), mientras que las postlarvas infectadas muestran un hepatopáncreas pálido o incoloro y el tracto digestivo vacío, lo que confiere al cuerpo un aspecto transparente o translúcido.
Los ensayos de infección confirmaron además la elevada virulencia de la cepa AG1. En camarones PL15, la exposición por inmersión provocó una mortalidad marcada y dependiente de la dosis, con una CL50 de 8,51 × 10² UFC/mL a las 96 horas. Por el contrario, los camarones PL30 de mayor tamaño fueron menos susceptibles, lo que sugiere que el tamaño del huésped o su etapa de desarrollo influyen en la evolución de la enfermedad. Para los centros de producción de semilla (hatcheries), este es uno de los hallazgos prácticos más útiles. Las etapas de poslarva más tempranas parecen ser las más vulnerables, por lo que constituyen el periodo de mayor prioridad para el monitoreo y el cribado.
  La histopatología añadió otra dimensión importante al perfil de la enfermedad. Las postlarvas infectadas mostraron degeneración hepatopancreática caracterizada por necrosis tubular, desprendimiento de células epiteliales de los túbulos e invasión bacteriana. Sin embargo, las lesiones no se limitaron al hepatopáncreas. Un hallazgo adicional notable fue la enteritis hemocítica, caracterizada por la pérdida del epitelio de la mucosa intestinal, una inflamación marcada y la formación de una capa gruesa de hemocitos en el intestino. Estas observaciones sugieren que la TPD no es simplemente una enfermedad hepatopancreática. El intestino también parece ser un órgano diana importante, y esta afectación tisular más amplia podría ayudar a explicar la rapidez y gravedad con las que progresa la enfermedad en los camarones poslarva tempranos, que son más frágiles.   Fig. 2: Histopatología de camarones provenientes de la infección por TPD generada en bioensayo. Los camarones no infectados mostraron una estructura hepatopancreática normal, con túbulos intactos, abundantes depósitos de lípidos (A, C) y un intestino bien definido que contenía alimento digerido (área recuadrada en A). En cambio, los camarones infectados presentaron degeneración hepatopancreática, incluyendo necrosis tubular y desprendimiento epitelial (B, D), así como enteritis hemocítica con inflamación marcada y capas engrosadas de hemocitos (área recuadrada en B), hallazgos consistentes con la patología de la TPD.
El estudio del genoma proporcionó una segunda línea de evidencia de que este patógeno es biológicamente distinto. La cepa AG1 portaba sus tres genes asociados a la TPD en un plásmido de aproximadamente 69,7 kb. Aunque este plásmido es más pequeño que el plásmido de TPD de mayor tamaño descrito anteriormente en China, conserva la región asociada a la virulencia. Los genes vhvp en AG1 mostraron una gran similitud con los de la cepa de referencia china, y las proteínas codificadas contenían dominios consistentes con un complejo de toxinas tipo Tc. En términos prácticos, esto indica que la TPD está asociada a un sistema de toxinas especializado, en lugar de a las toxinas pirA/B (más conocidas) implicadas en la AHPND. Esta distinción refuerza la base biológica para tratar la TPD como una entidad patológica independiente y subraya la importancia de centrarse en los marcadores de virulencia correctos en los ensayos de diagnóstico.   Fig. 3: Análisis comparativo del plásmido asociado a la TPD en las cepas AG1 y JS20200428004-2 de VTPD. (A) Comparación lineal de la organización del plásmido entre ambas cepas. (B) Alineamiento de las secuencias de la proteína VHVP de AG1 y JS20200428004-2. El color verde indica aminoácidos idénticos, mientras que el amarillo señala residuos no coincidentes.
Los datos genómicos también sugieren que las cepas asociadas a la TPD no son genéticamente estáticas. Aunque la cepa AG1 estaba estrechamente relacionada con cepas chinas descritas anteriormente, no era idéntica a ellas. Las diferencias en la estructura del plásmido, las islas genómicas y las características relacionadas con la transferencia indican que estas bacterias pueden seguir evolucionando y, al mismo tiempo, conservar el conjunto de genes de virulencia asociados a la patogenicidad. Para la industria camaronera, esto constituye un recordatorio importante de que las enfermedades bacterianas emergentes son dinámicas. Las estrategias de vigilancia deben evolucionar a la par de los patógenos que están diseñadas para detectar.
  El tercer estudio tradujo estos hallazgos biológicos en una herramienta de diagnóstico práctica. Los tres ensayos TaqMan recién desarrollados mostraron una sensibilidad y una especificidad diagnósticas del 100 por ciento, con un límite de detección de 10 copias por reacción. Asimismo, los ensayos no presentaron reactividad cruzada con camarones libres de patógenos específicos (SPF) ni con camarones infectados por otros patógenos importantes, incluidos EHP, NHP, IHHNV, WSSV y VpAHPND. Para los centros de producción de semilla (hatcheries) y los laboratorios de diagnóstico, este nivel de rendimiento es de gran relevancia. Un ensayo de cribado solo resulta valioso si es capaz de detectar de forma fiable el objetivo previsto sin confundir la TPD con otros patógenos comunes en la producción de camarón.
  Desde la perspectiva de la validación, los ensayos también demostraron una sólida linealidad, una eficiencia aceptable y una precisión coherente con el uso diagnóstico rutinario. Aunque se trata de parámetros técnicos, su implicación práctica es clara: los ensayos están superando la fase de prueba de concepto para adquirir valor operativo como herramientas de cribado en centros de producción de semilla, programas de cría y laboratorios de sanidad de animales acuáticos. Su mayor valor podría residir en la etapa previa al traslado de las postlarvas, momento en el que prevenir la propagación de patógenos resulta mucho más eficaz que intentar controlarlos una vez introducidos en un nuevo sistema.
Dinh-Hung, TPD, Tabla 1
**Si desea acceder a la Tabla 1: Secuencias de nucleótidos de los cebadores y sondas utilizados en los ensayos de PCR en tiempo real basados en TaqMan, desarrollados y validados en este estudio para la detección de V. parahaemolyticus causante de TPD en P. vannamei. | Visite el artículo original 
Para los gerentes de laboratorios de producción de semilla (hatcheries) y los productores, destacan tres mensajes prácticos. En primer lugar, la TPD debe considerarse una amenaza real para la bioseguridad en las etapas tempranas de vida. Cuando las postlarvas presentan hepatopáncreas pálido, intestino vacío y cuerpo translúcido, y cuando la mortalidad aumenta rápidamente, se debe considerar inmediatamente la TPD en la investigación diagnóstica. En segundo lugar, no todos los brotes asociados a Vibrio son biológicamente equivalentes. Las denominaciones generales como 'vibriosis' pueden ser útiles en campo, pero pueden ocultar diferencias importantes que afectan al diagnóstico y al control. En tercer lugar, el cribado previo al traslado puede ser una de las aplicaciones más valiosas de los nuevos ensayos de qPCR. Estas herramientas permiten a los laboratorios utilizar los análisis no solo para investigar la mortalidad una vez que esta ha comenzado, sino también para reducir el riesgo de transferir poblaciones infectadas a nuevos sistemas de producción.
Perspectivas
En conjunto, los tres estudios aquí resumidos ofrecen una visión mucho más precisa de la TPD. Uno de ellos confirma que una cepa de V. parahaemolyticus asociada a la TPD está presente fuera de China y es capaz de causar una mortalidad severa en postlarvas de P. vannamei. Un segundo estudio demuestra que esta cepa posee una arquitectura genómica distintiva asociada a toxinas, vinculada a vhvp-1, vhvp-2 y vhvp-3. Un tercer estudio aporta ensayos TaqMan validados que pueden respaldar el diagnóstico, la vigilancia y el cribado previo a traslados.
  Para la industria camaronera, estos hallazgos cambian la naturaleza del debate. La TPD ya no es solo la descripción de un brote; ahora es una enfermedad con una base causal más clara, un perfil patológico y genómico mejor definido y una estrategia de detección práctica. Estos avances no eliminan el riesgo, pero proporcionan a los laboratorios una base más sólida para una detección temprana, análisis más fiables y medidas de bioseguridad más estrictas orientadas a prevenir mayores pérdidas. Por Dr. Nguyen Dinh-Hung, DVM, Ph.D. Dr. Hung N. Mai, Ph.D. Prof. Dr. Arun K. Dhar, Ph.D.
Fuente: Global Seafood

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