Un estudio científico multidisciplinar e internacional liderado por Richard S. Cottrell del Institute for Marine and Antarctic Studies (IMAS) y el Centre for Marine Socioecology de la Universidad de Tasmania, Australia y publicado en la revista científica Nature Food está desafiando el enfoque tradicional histórico sobre con qué materias primas se deben formular los piensos para acuicultura, concluyendo que la trazabilidad y la eficiencia en la producción local son el factor dominante en la huella ambiental.
 

El estudio, modelando la huella ambiental de los piensos para salmón Atlántico, concluye que la ubicación geográfica y la eficiencia de la producción de las materias primas individuales importa significativamente más que la simple proporción de ingredientes marinos (harina y aceite de pescado) frente a ingredientes vegetales, un debate abierto hace años y que, según los autores de este trabajo, debe ser reorientado.
 

El hallazgo central es un cambio de paradigma: la variabilidad de la huella ambiental es mucho mayor dentro de un mismo tipo de pienso debido a la procedencia de sus componentes, que la diferencia promedio que existe al comparar una dieta dominada por harina de pescado con una dominada harina de plantas.
 

El estudio demuestra a través de su modelado de la huella ambiental y el Índice de Presión Acumulada (CPI) que una decisión de abastecimiento irresponsable puede anular completamente los beneficios de reducir la dependencia de pescado. Por ejemplo, un pienso reformulado para ser bajo en ingredientes marinos, pero que utilice materias primas vegetales producidos con métodos de alta intensidad (como la soya en regiones asociadas a deforestación) podría terminar con una huella de gases de efecto invernadero o de consumo de agua mayor que un pienso con mayor inclusión de ingredientes marinos, siempre y cuando estos provengan de pesquerías eficientes y bien gestionadas.
 

El impacto se concentra abrumadoramente en el origen: la fase de producción de la materia prima (cosecha agrícola o pesca) es la principal impulsora de la presión ambiental, representando cerca del 90% de la huella total medida. La variabilidad es extrema: las emisiones de GEI de la harina de pescado pueden ser más de 16 veces mayores entre regiones debido a las diferencias en el uso de combustible y métodos de pesca, mientras que las emisiones de cultivos agrícolas pueden variar hasta ocho veces entre países debido a las prácticas de uso de la tierra.

 

El desafío de nutrientes del cambio a dietas vegetales

800x120


 


Si bien la reducción del Factor de Inclusión de Pescado (FIF) ha sido clave para el crecimiento sostenible de la industria, el estudio también advierte sobre un posible "costo oculto". El modelo científico indica que el cambio hacia dietas dominadas por plantas puede, en promedio, incrementar las huellas de nutrientes (nitrógeno y fósforo) y el consumo de agua dulce, transfiriendo la presión ambiental del ecosistema marino al terrestre.
 

Concretamente, el escenario de piensos basados en plantas mostró presiones medianas de nutrientes 2,5 veces superiores y de consumo de agua 1,3 veces superiores en comparación con el escenario dominado por pescado. Este hallazgo exige que los formuladores y científicos consideren una visión holística del impacto al reformular dietas.
 

La conclusión para los profesionales de la acuicultura es perentoria: la sostenibilidad del pienso no se resuelve únicamente en el laboratorio de formulación, sino en las líneas de suministro. Ya no basta con declarar un bajo FIF; ahora es crucial demostrar la diligencia debida a nivel de productor.
 

Esto significa que la inversión en trazabilidad granular y auditorías de origen es ahora una necesidad operativa y una estrategia de mitigación de riesgos. El sector debe exigir a los proveedores datos que permitan identificar la eficiencia de la fuente específica, y no solo el país de origen, para así garantizar una verdadera sostenibilidad ambiental y competitiva.



Fuente: misPeces


Compartir

Califica la lectura